La interna entre Axel Kicillof y La Cámpora estalló en el Senado bonaerense y reabrió la pelea por el control político y judicial


La disputa por las comisiones en la Cámara alta provincial terminó con gritos, acusaciones cruzadas y un nuevo quiebre entre el axelismo y el kirchnerismo duro.

En el arranque, la pelea en el Senado bonaerense parecía apenas otro episodio de la pulseada permanente entre Axel Kicillof y los laderos de Cristina Kirchner. El año había comenzado con una disputa por los cargos de conducción que terminó favoreciendo al Instituto Patria: Mario Ishii quedó en el tercer lugar de la línea sucesoria provincial y Sergio Berni se hizo cargo de la bancada oficialista. La semana pasada, el round fue por el reparto de las comisiones, pero el clima volvió a detonarse y el acuerdo nunca apareció. Verónica Magario intentó desactivar el conflicto con una salida de autoridad: definió por decreto la integración de cada comisión. El movimiento, lejos de ordenar, agravó el escenario y la reunión terminó entre gritos, pases de factura e insultos.

El punto más sensible de la discusión fue la estratégica comisión de Asuntos Constitucionales y Acuerdos (ACA), donde Magario ubicó a Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa. En La Cámpora la reacción fue inmediata. La comisión tiene bajo su órbita los pliegos de jueces y fiscales, incluidos los vinculados a la Corte bonaerense. Hasta ahora estaba conducida por Emanuel González Santalla, dirigente de extrema confianza de Máximo Kirchner. Su desplazamiento impacta de lleno en el esquema judicial que orbitaba alrededor del Instituto Patria, con Juan Martín Mena en Justicia y Facundo Tignanelli en el Consejo de la Magistratura como piezas centrales de ese engranaje.

Desde el camporismo apuntaron contra Kicillof y acusaron a la Vicegobernadora de haber roto un entendimiento previo. Berni, enfrentado desde hace meses con Magario, amagó incluso con impugnar el reparto, aunque sin argumentos reglamentarios demasiado sólidos. El Frente Renovador, principal beneficiado por la jugada, optó por mantener silencio y aceptó sin objeciones el nuevo tablero. Kicillof, en cambio, eligió correrse de la confrontación y se conformó con retener Legislación General, una comisión clave para bloquear proyectos incómodos como el presentado por Ishii para exponer el recorte del programa alimentario MESA.

La fractura interna en el oficialismo llegó a tal punto que Magario ya explora, en los hechos, una dinámica basada en acuerdos con sectores opositores. “Está todo empantanado”, admiten cerca suyo.

Como si faltara combustible, Teresa García dejó la frase política de la semana. Ante Nancy Pazos, respondió con un tajante “sí” cuando le preguntaron si el próximo candidato presidencial debía ser “un nuevo Cámpora”. La referencia histórica remite al esquema de 1973: Héctor J. Cámpora ganó la presidencia y luego renunció para habilitar el regreso de Juan Domingo Perón. En el Movimiento Derecho al Futuro interpretaron el mensaje como una señal transparente de la estrategia cristinista. Más aún después de que Oscar Parrilli reclamara en Santa Fe “la libertad de Cristina para que pueda ser candidata”. Para el axelismo, el mensaje de fondo es evidente: el objetivo real sería condicionar a Kicillof y reservarle, en el mejor de los casos, un papel menor.


Fuente: AMBITO

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