Irán tensó el estrecho de Ormuz con ataques a al menos tres buques y la incautación de dos portacontenedores, mientras la Guardia Revolucionaria Islámica advirtió que está preparada para asestar “golpes demoledores” si se reanudan los combates, en un escenario marcado por la frágil tregua con Estados Unidos y el bloqueo sobre sus puertos.
El primer episodio se registró en el Golfo de Omán, a unos 28 kilómetros al noreste de la costa, en una zona de tránsito constante que, en este contexto, funciona como antesala del estrecho de Ormuz. Allí, una lancha patrullera vinculada a la Guardia Revolucionaria Islámica se aproximó a un buque portacontenedores y abrió fuego.
La Dirección de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO) informó que el ataque provocó daños en la embarcación, aunque no dejó víctimas. Los disparos se produjeron sin advertencia previa por radio, un dato que refuerza la percepción de escalada en el uso de la fuerza en aguas clave.
Sin embargo, el episodio dejó dos relatos distintos sobre lo ocurrido. Desde Irán, la narrativa fue distinta. Medios locales señalaron que el buque “ignoró las advertencias de las fuerzas armadas iraníes y fue atacado a tiros. Lo que causó graves daños al barco”.
Horas después, la tensión se trasladó hacia el estrecho de Ormuz, el paso angosto y estratégico que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo. Allí, un segundo buque de carga reportó haber sido atacado a tiros a unas ocho millas náuticas al oeste de Irán.
“El capitán de un buque de carga que salía del puerto informa haber sido atacado a tiros y ahora se encuentra detenido en el agua. La tripulación está a salvo y localizada. No se han reportado daños en el buque”, indicó la UKMTO en un parte que, además, incluyó una advertencia explícita sobre el “alto nivel de actividad” en la zona.
La secuencia se completó con un tercer ataque, esta vez a unas seis millas náuticas de la costa iraní. Según la empresa de inteligencia marítima Vanguard, el buque fue interceptado tras recibir la orden de detenerse y reportó “daños en el casco y en los camarotes”.
En una zona donde el tránsito de buques es constante, los ataques registrados en las últimas horas generan preocupación, ya que afectan la circulación de energía y mercancías a nivel global.
En paralelo a los ataques, la Guardia Revolucionaria Islámica avanzó un paso más allá al confirmar la incautación de dos portacontenedores: el MSC Francesca y el Epaminondas. Ambos fueron escoltados hacia la costa iraní, en una decisión que refuerza la presencia efectiva de Teherán sobre el tránsito en la zona.
En ese contexto, la Guardia Revolucionaria afirmó que “perturbar el orden y la seguridad en el estrecho de Ormuz es nuestra línea roja” y advirtió que está “preparada para afrontar cualquier amenaza o nueva agresión del enemigo de forma decisiva, concluyente e inmediata” y que, en caso de una escalada, infligirá “golpes devastadores e inimaginables” contra sus adversarios en la región.
Los hechos se desarrollan en paralelo a una instancia diplomática frágil. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la prórroga indefinida del alto el fuego con Irán, pero mantuvo el bloqueo sobre los puertos iraníes, una medida que sigue siendo central en la estrategia de presión de Washington.
Teherán, por su parte, no reconoció formalmente la extensión de la tregua y dejó en claro que no retomará negociaciones mientras esa condición no cambie. La posibilidad de diálogo, según indicaron fuentes iraníes, queda supeditada a que existan “bases necesarias y lógicas” para avanzar.
Esa combinación (tregua formal, presión económica y acciones en el terreno) configura un escenario en el que la estabilidad es, al menos por ahora, relativa.
Desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, se registraron más de 30 ataques contra embarcaciones en la región. El estrecho de Ormuz, por donde en tiempos de paz transitaba cerca de una quinta parte del petróleo mundial y grandes volúmenes de gas natural licuado, permanece bajo restricciones impuestas por Irán.
A medida que se acumulan incidentes, el estrecho de Ormuz deja de ser solo un punto geográfico para convertirse en un espacio donde se cruzan intereses energéticos, estrategias militares y mensajes políticos.
Los ataques y las incautaciones se dan en medio de una tregua frágil y sin avances concretos en las negociaciones. Con el bloqueo aún vigente, el estrecho de Ormuz continúa siendo un punto crítico para la seguridad marítima y el comercio global.
Fuente: AMBITO





