En sus orígenes, el corredor llevó el nombre de “La Rural”, en referencia a la compañía de seguros que impulsó la inversión. Con el tiempo, adoptó la denominación actual en homenaje a Rodolfo Rivarola, jurista e intelectual vinculado a la Generación del 80.
La construcción quedó a cargo de la Compañía General de Obras Públicas (GEOPÉ), empresa de capital alemán que participó en obras emblemáticas como el Obelisco, la Bombonera, el Correo Central y el Colegio Nacional de Buenos Aires. Ese respaldo técnico explica la calidad constructiva que aún hoy distingue al conjunto.
Quiénes estuvieron detrás del proyecto
Aunque durante años se mencionó a “Petersen, Thiele y Cruz” como un bloque, la historia permitió identificar a sus protagonistas.
Gustavo Adolfo Petersen fue arquitecto y presidente de la firma. Ricardo Otto Thiele, ingeniero, participó en obras de infraestructura en distintas regiones del país. Horacio Cruz, arquitecto y también artista plástico, completó el equipo.
La empresa nació en 1918 y se consolidó en 1920 como sociedad colectiva. Desde entonces participó en proyectos de gran escala, tanto en Buenos Aires como en el interior del país, con obras que incluyeron edificios corporativos, infraestructura y equipamiento urbano.
Arquitectura en espejo y estilo Beaux Arts
Desde el punto de vista arquitectónico, el Pasaje Rivarola responde al estilo Beaux Arts, también conocido como academicismo francés. Este lenguaje dominó gran parte de la construcción porteña desde fines del siglo XIX y principios del XX.
El conjunto se compone de ocho edificios organizados en espejo. Cada uno cuenta con planta baja y cinco pisos, mientras que las esquinas se rematan con cúpulas que refuerzan su impronta europea.
La arquitecta Martina Campbell, del estudio Campbell & Campos, explicó que la simetría no responde a un recurso estético aislado. Detalló: “Forma parte de la concepción del proyecto. Cada elemento dialoga con su opuesto y construye una unidad urbana coherente”.
Las fachadas presentan proporciones equilibradas y terminaciones en símil piedra París. En los accesos predominan los pisos de mármol, mientras que en las unidades se conservan maderas nobles como roble de Eslavonia, además de herrería artística y detalles en bronce.
Campbell también marcó un punto clave. “El desafío es preservar esa calidad. Las intervenciones deben respetar el carácter original y eso exige coordinación entre consorcios”, explicó.
Una rareza dentro del damero porteño
Más allá de su arquitectura, el pasaje mantiene una escala poco habitual para el Microcentro. El tránsito reducido y la continuidad estética generan una atmósfera que contrasta con el entorno inmediato.
La investigadora urbana y periodista Mariela Blanco, autora de varios libros sobre inmuebles históricos como Tan Buenos Aires(Editorial Dunken 2025) lo definió como una pieza singular. Explicó: “Es un conjunto homogéneo que funciona como documento urbano. Las dos veredas dicen lo mismo”.
Ese carácter lo convirtió en escenario de producciones audiovisuales, registros fotográficos y propuestas culturales. También aparece en la literatura y en relatos urbanos que destacan su condición de “calle espejo”.
El pasaje también tuvo presencia en el cine. Su estética particular lo convirtió en locación de distintas producciones, entre ellas la película Hay unos tipos abajo(1985), dirigida por Rafael Filipelli, Emilio Alfaro, Andrés Di Tella y Julio Karp, con actuaciones de Luis Brandoni y Luisina Brando.
El valor del Pasaje Rivarola también se explica por su capacidad de funcionar como refugio dentro del microcentro. “Ofrece algo que el área central perdió: respiro, proporción y calidad espacial”, explicó Blanco.
Entre las curiosidades que tuvo el pasaje, Blanco destaca el local del número 134, donde funcionó la Casa Raab, conocida como “la Chacarita de los relojes”, dedicada a la reparación de piezas antiguas. Aunque el negocio ya no está en su ubicación original —en la cuadra todavía queda un reloj con números romanos colgado en la fachada—, su historia sigue vigente.
Blanco acotó: El legado continúa a través del hijo de los dueños, que trasladó la actividad a otro local en Almagro. Era un punto de referencia esencial para anticuarios y coleccionistas”.
Vida cotidiana y usos mixtos
Desde su origen, el pasaje se pensó como un desarrollo de renta. Cada piso contaba con tres departamentos, además de espacios complementarios como depósitos en subsuelo y áreas destinadas al lavado en terrazas, una lógica que anticipó el concepto de bauleras actuales.
Con el paso del tiempo, el uso se diversificó. Hoy conviven viviendas, oficinas, estudios profesionales y espacios culturales.
Jorge Yavícoli, de Lepore Propiedades, explicó que esa flexibilidad resulta clave. “Permite vivir y trabajar en un entorno de calidad. Esa mixtura potencia la demanda”, afirmó.
El corredor también conserva hitos comerciales. Uno de los más recordados fue la Casa Raab, conocida como “La Chacarita de los Relojes”, un punto de referencia para coleccionistas. Aún permanece un reloj en la fachada como testimonio de ese pasado.
Un enclave que resiste
El Microcentro atravesó cambios profundos en los últimos años, con caída en la demanda de oficinas y un proceso de reconversión en marcha. Sin embargo, algunos sectores mantienen su atractivo.
“El pasaje funciona como un oasis inmobiliario”, sostuvo Yavícoli. “Atrae a un público que busca arquitectura, historia y materiales nobles”.
Ese perfil incide en la estabilidad de valores. “Son compradores con sensibilidad estética. Eso sostiene los precios incluso cuando el resto del centro ajusta”, explicó.
Cómo son las propiedades y valores
Las unidades conservan características propias de principios del siglo XX. Ambientes amplios, techos altos y carpinterías originales dominan la tipología.
Los departamentos incluyen balcones, pisos de madera y detalles de época. Algunas unidades suman terrazas o espacios en cúpulas, lo que agrega valor diferencial.
En términos de precios, el Pasaje Rivarola se ubica por encima del promedio del Microcentro. El valor del metro cuadrado oscila entre u$s1.400 y u$s1.900, según estado y nivel de conservación. Esto lleva a unidades que se comercializan entre u$s200.000 y u$s250.000 en promedio.
En alquiler, la renta anual se ubica entre el 6% y el 7%, con valores mensuales que superan los $700.000 para tres ambientes y alcanzan niveles más altos en unidades de mayor superficie.
Yavícoli destacó que el ajuste fue menor que en otras zonas: “El valor patrimonial funciona como resguardo”.
Un fragmento de otra ciudad
El Pasaje Rivarola sintetiza historia, arquitectura y mercado en un solo espacio. Su diseño, su escala y su calidad constructiva construyen una identidad difícil de replicar en desarrollos actuales.
En un contexto de transformación del Microcentro, el corredor mantiene su vigencia como un enclave singular dentro de Buenos Aires.
Campbell resumió esa condición. “Es un caso donde el valor patrimonial, el diseño urbano y el uso contemporáneo conviven en equilibrio. Esa combinación explica por qué sigue vigente”, concluyó.
Fuente: AMBITO












