El próximo lunes 11 a las 20, en el Teatro Colón se proyectará el film “Blade Runner” de Ridley Scott (en su versión final cut de 2007), acompañado por el ensamble Nexus-7, que interpretará en vivo la banda sonora original, compuesta por Vangelis. La función forma parte del ciclo Colón Contemporáneo.
No es la primera vez que en el Colón se exhibe una película con su música original, o especialmente compuesta, interpretada en vivo. En temporadas anteriores se vieron, por ejemplo, “El acorazado Potemkin”, de Sergei Eisenstein; “2001, Odisea del espacio”, de Stanley Kubrick, y en ocasión de la visita de Philip Glass, éste dirigió su propia partitura para el “Drácula” clásico de Tod Browning, con Bela Lugosi.
El ensamble Nexus-7 fue especialmente integrado para la ocasión por Ernesto y Lucas Romeo (de la agrupación Klauss), junto con los percusionistas Bruno Lo Bianco y Oscar Albrieu y músicos de la escena alternativa y experimental local: cuerdas eléctricas, sintetizadores, teclados y batería electrónica se unirán a la percusión, saxo y voz.
Hace dos días, la agrupación Klauss presentó en el Centro de Experimentación del Teatro Colón un homenaje a Vangelis y la banda sonora de “Blade Runner”. La versión de cine en concierto fue estrenada en el Royal Albert Hall de Londres en 2019 y desde entonces tuvo presentaciones en diferentes salas de todo el mundo.
Avatares de un film de culto
A más de cuatro décadas de su estreno, “Blade Runner”, protagonizada por Harrison Ford como Rick Deckard, Rutger Hauer (el “replicante” Roy Batty), Sean Young, Daryl Hannah y Joanna Cassidy, no es solamente un clásico moderno de la ciencia ficción, sino una de las imágenes fundamentales con las que el siglo XX imaginó el XXI.
La historia de la película es, en sí misma, una rareza dentro de Hollywood. Cuando Ridley Scott comenzó a desarrollar el proyecto a fines de los años setenta, venía del éxito de “Alien” y buscaba alejarse de la ciencia ficción luminosa y comercial que había impuesto “Star Wars”. El punto de partida fue la novela “Do Androids Dream of Electric Sheep?” (“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”), de Philip K. Dick, pero Scott y sus guionistas transformaron aquella distopía filosófica en algo visualmente inédito: la ambientaron en el año 2019, en una ciudad de Los Ángeles lluviosa, nocturna, saturada de neón, publicidad y decadencia industrial.
Allí Rick Deckard, un ex policía especializado en perseguir replicantes —androides biológicamente idénticos a los humanos—, es obligado a volver al servicio para perseguir a un grupo de modelos rebeldes que regresó clandestinamente a la Tierra. A medida que avanza la cacería, la investigación empieza a poner en duda la frontera entre lo humano y lo artificial.
La influencia estética de “Blade Runner” sobre el cine posterior fue inmensa. Antes de ella, el futuro cinematográfico solía imaginarse limpio y geométrico; después, comenzó a verse usado, contaminado y vertical. La película definió la estética del cyberpunk y marcó a generaciones enteras de directores, diseñadores y músicos. Desde “Matrix” hasta “Ghost in the Shell”, pasando por videojuegos, historietas y series contemporáneas, buena parte del imaginario tecnológico actual nace de aquellas calles lluviosas concebidas por Scott.
Sin embargo, el estreno original de 1982 estuvo lejos de ser triunfal. El público esperaba un thriller futurista y se encontró con una película melancólica y filosófica. La crítica quedó dividida y los productores, desconfiando de la ambigüedad del film, impusieron modificaciones importantes. La versión estrenada incluía una narración en off explicativa y un final optimista que contradecía el tono de la historia.
Durante años coexistieron distintas versiones hasta que, en 2007, Scott pudo finalmente presentar el llamado Final Cut, la edición definitiva que es precisamente la que se verá en el Colón. Allí desaparece la voz en off, se restauran escenas eliminadas y, sobre todo, se profundiza la ambigüedad central de la película: la sospecha de que Rick Deckard podría ser, también él, un “replicante”. El sueño del unicornio —ausente en la versión original de cine— transforma retrospectivamente toda la narración y desplaza el eje desde el policial futurista hacia una pregunta existencial más inquietante.
En buena medida, el tiempo terminó dándole la razón a Scott. Lo que en 1982 parecía oscuro o hermético hoy resulta extrañamente contemporáneo. La cuestión de la inteligencia artificial, que entonces pertenecía al territorio de la especulación filosófica, ocupa ahora el centro de las discusiones tecnológicas y culturales. Los replicantes de “Blade Runner” no son simples máquinas: poseen recuerdos implantados, emociones, miedo a la muerte y deseo de supervivencia. La película ya no interroga solamente qué distingue al hombre de la máquina, sino también hasta qué punto la memoria y la identidad pueden ser construcciones artificiales.
Por eso “Blade Runner” conserva una potencia singular. La música de Vangelis contribuye decisivamente a esa sensación. Sus sintetizadores melancólicos, mezclados con saxos y texturas electrónicas, no acompañan simplemente las imágenes: crean un clima emocional hipnótico, entre lo humano y lo artificial, entre la nostalgia y la desolación. Tan famosa fue esa música que —lamentablemente— en los años 80 la correspondiente a los títulos de cierre fue vulgarizada por su utilización en el programa “Fútbol de primera”, de Marcelo Araujo y Enrique Macaya Márquez.
Seguramente, escuchar esa partitura en vivo, mientras las imágenes vuelven a desplegarse en la pantalla del Colón, permitirá redescubrir la película desde otro lugar. No sólo como un clásico moderno sino como una obra que sigue formulando preguntas esenciales sobre la memoria, la conciencia y el futuro de lo humano.
FUENTE: AMBITO





