Luego relato algo que dejó más dudas en las defensas. Seis de los ocho originales volvieron a él, por medio de una persona que lo citó en la vía pública en un lugar donde no había cámaras.
“Estuve segundos con la persona que me los entregó. Me dijo ‘tengo esto para entregarte y me voy”, explicó ante una pregunta de la abogada Laura Fechino, defensora del exfuncionario Hernán Gómez.
Varias veces se resguardó en el derecho a guardar secreto sobre las fuentes.
El comienzo
Según su testimonio, todo comenzó cuando un vecino, Bacigalupo, le ofreció material: “yo vivía en la zona de Belgrano y tenía un vecino que se acercó y me dijo que tenía unos documentos”. Días después, ese vecino le entregó una caja cerrada.
“El día que fui a buscarlo me dio una caja… había cuadernos, ocho cuadernos, algunas facturas y CDs con videos”, describió. La escena, según reconstruyó, ocurrió sin testigos y en un ámbito privado: “estábamos los dos solos… la abrí con un cuchillo ahí para ver de qué se trataba” .
El propio periodista reconoció que el material no provenía directamente de su fuente original, sino de una cadena previa: el vecino le dijo que los cuadernos habían sido entregados por un “amigo” que había sido chofer de funcionarios.
La cadena de custodia, bajo cuestionamiento
Ese circuito —chofer, vecino, periodista— quedó en el centro de las críticas. Cabot explicó que el supuesto autor de los cuadernos los habría entregado por temor a un allanamiento en otra causa: “tenía temor de que lo puedan allanar… y prefirió sacar esos documentos de su casa”.
Sin embargo, el testimonio dejó en evidencia que no existió control judicial sobre ese material en su origen ni en su traslado. Durante meses, los cuadernos permanecieron en poder del periodista, quien admitió haber trabajado con los originales en su casa.
“Trabajábamos con originales en mi casa”, afirmó, y detalló que junto a colaboradores transcribieron todo el contenido a una base de datos: “lo que hicimos fue pasar absolutamente todo a una planilla de Excel” .
Las defensas pusieron el foco en ese punto: la manipulación directa de la evidencia antes de su judicialización, sin resguardo pericial ni control externo.
Del material original a una “reconstrucción” digital
Cabot explicó que el trabajo consistió en descomponer los cuadernos en datos: “origen, destino, fecha, horario… todo lo que pudiésemos extraer iba en una columna”. Esa conversión, reconoció, se hizo de manera manual y durante un período prolongado.
Además, sostuvo que luego dejaron de utilizar los originales: “los guardamos… ya no los necesitábamos para el trabajo diario”.
Este punto alimentó otra línea de cuestionamientos: el paso de un documento físico a una base digital elaborada por terceros, que luego sirvió como insumo central para la investigación periodística y, posteriormente, judicial.
Directo con Stornelli
Cabot ubicó el momento en que dio paso a la denuncia penal: “el inicio fue una denuncia que yo hice… hasta ese momento era una investigación periodística”.
Según explicó, la determinación de avanzar en sede judicial estuvo vinculada al volumen y la sensibilidad de la información recolectada. “Me parecía una información muy sensible para tratar con mucho cuidado… había tomado la decisión de no publicar ni una coma hasta no tener absolutamente claro de qué se trataba”, señaló, en referencia al trabajo previo de análisis y verificación que realizó junto a su equipo.
En esa línea, detalló que el paso siguiente fue acudir a la Justicia, lo que derivó en la intervención del fiscal Carlos Stornelli. La elección del funcionario judicial no pasó inadvertida para las defensas, que vienen cuestionando desde el inicio del proceso el modo en que se activó la causa y el rol que tuvo el Ministerio Público en ese momento inicial.
Durante su exposición, Cabot también dejó en claro que, para entonces, ya había construido una base de datos a partir de los cuadernos y realizado múltiples cruces de información. Esos elementos —según su relato— fueron los que le dieron sustento a la presentación judicial, en la que volcó los resultados de su investigación.
Porque lo eligió a Stornelli
“Lo conocía de la vida pública. Había escrito antes sobre un tema en el que él había intervenido y además era fiscal de la causa de gas natural licuado y la información que yo tenía era sobre esas personas”, explicó.
El periodista remarcó que no conocía los tribunales de Comodoro Py y como al único fiscal que conocía era Stornelli, decidió ponerse en contacto con él.
“Le pedí que hablemos. Nos juntamos en un bar de Núñez” donde el fiscal lo impulsó a radicar la denuncia. Entonces fue a la fiscalía e hizo una denuncia “con la que entregué todo lo que habíamos trabajado”. Entregó un juego de copias y pendrives con videos e información. Pedí reserva de la identidad, pero él me aconsejó que no”.
El exsubsecretario de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Planificación, Rafael Llorens, insistió en preguntarle por qué denunció ante Stornelli.
Reformuló la pregunta para poner al descubierto que Cabot debía saber, como abogado, que las denuncias ingresan por la Cámara Federal para el sorteo del juez. Pero la respuesta fue que ya había respondido.
Llorens le preguntó si había evaluado hacer la denuncia en otra fiscalía que no fuera la de Stornelli. “No tenía contactos en Comodoro Py. Sólo tenía el suyo por algún llamado anterior. Me pareció que podía hablar con él y decirle de qué se trataba. Él me dijo que podía hacer una denuncia y quedamos en eso. Le pregunté si él la podía tomar, me dijo que sí y esa fue la decisión”.
La “convicción” del periodista
Otro de los aspectos que generó controversia fue el criterio de validación del contenido. Cabot afirmó que los cruces de información lo llevaron a una conclusión personal: “nos fueron llevando a la convicción muy fuerte de que esos asientos eran el relato de lo que efectivamente había sucedido”.
La afirmación —basada en verificaciones parciales y reconstrucciones— fue señalada por las defensas como un elemento subjetivo que, según plantearon, no reemplaza los estándares probatorios exigidos en un proceso penal.
“Licencias literarias”
El vínculo entre los cuadernos, la causa y la posterior reconstrucción narrativa realizada en publicaciones periodísticas y editoriales también fue materia de la audiencia.
La defensa insinuó —en línea con planteos previos— que parte del caso se construyó sobre una interpretación que, con el tiempo, adquirió rasgos de relato estructurado, más cercano a una narrativa que a un documento bruto.
En ese contexto, uno de los tramos más tensos de la audiencia se produjo durante el interrogatorio del defensor Carlos Beraldi, que representa a la expresidenta Cristina Kirchner, quien puso el foco en el cruce entre la investigación periodística y la narrativa construida posteriormente en el libro “Los Cuadernos” de Cabot, sus “licencias literarias” .
El abogado apuntó directamente a la dimensión literaria del relato y buscó marcar diferencias entre el material original y su reconstrucción pública.
En ese sentido, interrogó al testigo sobre el carácter de su obra y si había incorporado elementos propios de la narrativa: la pregunta giró en torno a si el libro contenía pasajes “ficcionados” o reconstrucciones no estrictamente documentales.
Ante ese planteo, Cabot reconoció que su trabajo editorial no era una reproducción literal del material, sino una elaboración: explicó que se trataba de “una reconstrucción periodística”, basada en los datos disponibles, pero organizada para hacer comprensible la historia. En ese marco, admitió que el libro implicaba una forma de narrar los hechos, con recursos propios del género.
La respuesta abrió otro frente de cuestionamientos por parte de las defensas, que buscaron contrastar esa construcción narrativa.
Según se planteó en la audiencia, si el propio autor reconoce una elaboración posterior con criterios periodísticos o narrativos, ello podría impactar —según la estrategia defensiva— en la forma en que debe analizarse la evidencia original.
Beraldi también insistió en distinguir entre lo que Cabot vio directamente y aquello que reconstruyó a partir de cruces de información. En ese punto, el periodista reiteró que su trabajo se apoyó en verificaciones y chequeos, pero volvió a utilizar una categoría que generó ruido en la sala: sostuvo que esos cruces lo llevaron a una “convicción muy fuerte” sobre la veracidad de los hechos.
El intercambio dejó así planteado un eje clave del juicio: la tensión entre relato periodístico, reconstrucción narrativa y prueba judicial.
Lejos de consolidar una versión definitiva, la declaración de Cabot volvió a poner en discusión aspectos estructurales de la causa: el origen extrajudicial de la prueba, la elección de un fiscal, la ausencia de una cadena de custodia inicial, la intermediación de terceros y la transformación del material antes de su incorporación al expediente.
Con el avance del juicio, el tribunal deberá evaluar no solo el contenido de los cuadernos, sino también las condiciones en las que ese material llegó a convertirse en prueba judicial.
Fuente: AMBITO





