“Creo que eso se interpone en el camino de, ya saben, que estamos liderando a China, estamos liderando a todos, y no quiero hacer nada que se interponga en el camino de ese liderazgo“, declaró Trump ante periodistas en la Oficina Oval.
La decisión llega en medio de una fuerte interna entre sectores del oficialismo, empresarios tecnológicos y referentes del movimiento MAGA sobre cómo regular los nuevos modelos de inteligencia artificial.
Musk, Zuckerberg y la presión sobre la Casa Blanca
Medios estadounidenses – como Semafor y The Washington Post – señalaron que el freno al decreto ocurrió tras presiones de figuras clave de Silicon Valley, entre ellas Elon Musk, el CEO de Meta Mark Zuckerberg y el exasesor tecnológico de Trump, David Sacks.
Sin embargo, Musk desmintió parte de esas versiones. En respuesta a una publicación en X sobre el tema, afirmó: “Esto es falso”, y agregó: “Todavía no sé qué contenía esa orden ejecutiva y el presidente solo habló conmigo después de negarse a firmarla”.
Trump evitó detallar cuáles eran los aspectos específicos del decreto que rechazaba. De todos modos, dentro de la industria tecnológica existe preocupación por posibles regulaciones que obliguen a modificar modelos de IA o retrasen su lanzamiento para cumplir requisitos de seguridad.
El debate cobró fuerza tras la aparición de sistemas avanzados como Mythos, de Anthropic, y GPT-5.5-Cyber, de OpenAI. Las compañías advierten que estas herramientas podrían facilitar ciberataques complejos y automatizados, aunque especialistas en seguridad relativizan parte de esos riesgos.
Anthropic sostuvo que Mythos podría amplificar amenazas de ciberseguridad sofisticadas. Aun así, expertos consultados por Reuters señalaron que algunos escenarios de “hackeo sin control” aparecen sobredimensionados.
La disputa por regular la IA
El eventual decreto contemplaba mecanismos de supervisión previos al lanzamiento de nuevos modelos. Entre ellos, la obligación de presentar sistemas de IA al Gobierno hasta 90 días antes de su publicación comercial y facilitar acceso anticipado a operadores de infraestructura crítica, como bancos.
La propuesta buscaba funcionar como un punto intermedio entre dos sectores enfrentados dentro del ecosistema republicano.
Por un lado, referentes nacionalistas del movimiento MAGA, como Steve Bannon y Amy Kremer, presionan para imponer controles más estrictos sobre la inteligencia artificial y exigen que el Gobierno pueda evaluar los modelos más potentes antes de que lleguen al mercado.
En la vereda opuesta aparecen empresarios tecnológicos y aliados históricos de Trump, como Marc Andreessen y David Sacks, que rechazan regulaciones obligatorias y advierten que podrían perjudicar la innovación estadounidense frente a China.
El trasfondo político también refleja el creciente peso de las tecnológicas dentro del círculo de apoyo republicano. Ejecutivos como Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai y Sam Altman se consolidaron en los últimos años como algunos de los empresarios más influyentes alrededor de la administración Trump.
FUENTE: AMBITO





