Javier Andrigo, presidente de la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana de Dock Sud, explicó que “son 10 islas, es un archipiélago a 500 kilómetros de Dakar en Senegal” y recordó que fueron un punto estratégico para Portugal durante el comercio de personas esclavizadas.
Ese origen dejó una identidad particular. El idioma oficial es el portugués, pero en la vida cotidiana se habla criol, una lengua que mezcla portugués con palabras de origen africano. “Somos una mezcla de portugueses y los esclavos que quedaron en las islas”, señaló Andrigo.
La llegada a la Argentina se concentró sobre todo en Dock Sud, Ensenada, Berisso, Mar del Plata, Bahía Blanca y otros puntos de la costa atlántica, siempre cerca de puertos, astilleros y actividades vinculadas a la navegación.
Las asociaciones como refugio y sostén
Las instituciones caboverdianas nacieron con una función concreta de acompañar a quienes llegaban sin redes familiares fuertes y necesitaban apoyo económico, sanitario o comunitario.
La Asociación Caboverdeana de Ensenada fue fundada en 1927, mientras que la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana nació en 1932. Ambas son consideradas dos de las asociaciones afrodescendientes más antiguas del país que todavía permanecen activas.
“La sociedad de Ensenada se origina por medio de la unión de los caballeros que estaban en la zona de Ensenada, porque se dieron cuenta que necesitaban un lugar donde encontrarse y ser parte activa de la cultura”, explicó Santiago Sosa Monteiro, presidente de la entidad.
En Dock Sud, el origen también estuvo vinculado a la ayuda mutua. Andrigo contó que la institución se formó luego de la muerte de un caboverdiano que no tenía familia en Argentina: sus paisanos hicieron una colecta para enterrarlo y decidieron organizar una sociedad que pudiera responder ante situaciones similares.
“Nosotros somos una mutual, nacimos como mutual y seguimos siendo mutual”, sostuvo Andrigo, aunque aclaró que hoy las condiciones económicas impiden sostener muchas de las funciones originales.
Mantener viva una cultura lejos de las islas
Con el paso del tiempo, la función de las asociaciones cambió. Desde el retorno democrático en 1983, el objetivo principal pasó a ser preservar y difundir la cultura caboverdiana en la Argentina, en una comunidad compuesta mayoritariamente por hijos, nietos, bisnietos y choznos de migrantes.
“A partir de 1983, el principal objetivo de la sociedad caboverdiana es mantener viva la cultura de sus ancestros en Argentina”, afirmó Andrigo, y agregó que esa tarea también incluye “luchar contra el racismo en todas sus formas”.
En Ensenada, Sosa Monteiro describió una agenda sostenida por comidas típicas, danzas, música y fechas conmemorativas. “El objetivo es mantener viva la cultura a través de las diferentes actividades que se realizan, expresiones artísticas, reuniones gastronómicas, en las cuales se puede degustar la cachupa, que es la comida típica”, señaló.
La asociación participa desde hace 26 años de la Fiesta Provincial del Inmigrante, donde presenta su stand gastronómico, danzas típicas y representantes culturales. También organiza actividades por el Día de África, el Día de la Independencia de Cabo Verde, el aniversario institucional, carnavales y celebraciones como San Juan.
La cultura caboverdiana en Argentina conserva una marca particular: su fuerza no está en la espectacularidad visual, sino en la memoria familiar, el sabor, la música, el encuentro y la transmisión oral.
Sosa Monteiro explicó que muchas tradiciones surgieron de una población atravesada por desigualdades históricas. “Gran parte de la gastronomía caboverdiana tiene que ver, por ejemplo, con lo que había en el pueblo, porotos, pescado, cerdo, alguna verdura dando vuelta, alguna fruta, pero no mucho más”, indicó.
Por eso, transmitir esa cultura requiere un trabajo constante. “El esfuerzo por transmitir la cultura es mucho más fuerte, es mucho más dedicado, pero con total responsabilidad, con total amor”, sostuvo.
En la Argentina se calcula que llegaron alrededor de 8.000 caboverdianos y que hoy existen cerca de 30.000 personas entre migrantes y descendientes. La cifra es difícil de precisar porque, antes de la independencia de 1975, muchos ingresaron al país registrados como portugueses.
El Mundial 2026 como vidriera histórica
La irrupción de Cabo Verde en el Mundial 2026 cambió la escala de esa visibilidad. El empate ante España, segunda selección del ranking FIFA, y la igualdad frente a Uruguay transformaron a un país de poco más de 500.000 habitantes en una de las historias más comentadas de la Copa.
“Que Cabo Verde esté disputando el Mundial, la verdad que es, primero, un placer histórico en lo que es la vida de la Nación caboverdiana”, afirmó Sosa Monteiro. “Se vive con muchísima emoción, con nervios, con ansiedad”, agregó.
En Dock Sud, la comunidad vio los partidos en la asociación. Andrigo comparó este momento con la independencia de 1975: “Es un hito en la historia de Cabo Verde estar participando en el mundial”.
Para el dirigente, la clasificación ya significó una victoria. “Haber clasificado mundial, ya es haber ganado para Cabo Verde. Porque eso permite visibilizar Cabo Verde ante el mundo”, aseguró.
El fenómeno deportivo también expresa una historia migratoria. La selección caboverdiana creció gracias a un trabajo de identificación de futbolistas nacidos fuera de las islas, pero con raíces familiares en el archipiélago.
“La mitad del plantel no juega en Cabo Verde y juegan en ligas menores. Y no son caboverdianos nativos, sino que el padre o el abuelo era caboverdiano”, explicó Andrigo. Según su mirada, la federación hizo “un trabajo enorme” para rastrear descendientes, nacionalizarlos y convocarlos.
Ese proceso tiene una explicación demográfica. Cabo Verde es un país pequeño y profundamente migrante. “Se calcula que hay más de 2.000.000 de caboverdianos esparcidos en la diáspora. Se dice que la diáspora es la isla número 11”, señaló Andrigo.
Esa “isla número 11” también está en la Argentina, donde los vínculos familiares e institucionales nunca se cortaron. “Los vínculos entre Cabo Verde y Argentina vienen no de ahora, sino que vienen desde hace años”, remarcó.
Un antes y un después para la comunidad
La participación mundialista produjo un efecto inmediato en las asociaciones argentinas. Más consultas, más seguidores en redes sociales, más pedidos de entrevistas y más personas acercándose a conocer una colectividad que durante décadas trabajó lejos de la atención masiva.
“Claramente el mundial cambia todo”, aseguró Sosa Monteiro. Según explicó, mucha gente descubrió que en Ensenada existe una comunidad caboverdiana que está cerca de cumplir 100 años.
El dirigente también destacó el impacto global del torneo: “Cabo Verde, visualmente, más allá que uno pueda conocer o no la colectividad, tuvo un crecimiento inimaginable en cuanto a las búsquedas de Internet”.
Para Andrigo, el beneficio alcanzó al país y a toda la dispersión: “Hoy ya eso no lo tenés que hacer, porque por lo menos ya saben dónde queda”. La frase resume una experiencia repetida durante décadas: explicar una y otra vez qué es Cabo Verde, dónde queda y por qué también forma parte de la historia argentina.
La selección caboverdiana no llegó al Mundial como una potencia, pero sí como una síntesis de su historia, con un pueblo pequeño, migrante, atravesado por sequías, hambrunas, colonialismo y dispersión migratoria, que encontró en el fútbol una forma de reconocimiento.
“Cabo Verde es un pueblo muy sufrido”, sostuvo Andrigo, y vinculó esa experiencia con la “garra” y la “fe” que mostró el equipo. Para él, el plantel demostró que “no todo es figuritas millonarias haciendo cosas rimbombantes”, sino que también se puede competir desde lo colectivo.
En la Argentina, ese mensaje tuvo un eco particular. Las asociaciones caboverdianas no solo celebraron puntos mundialistas, también celebraron una visibilidad largamente esperada.
El Mundial 2026 convirtió a Cabo Verde en sorpresa deportiva, pero para su comunidad en Argentina significó algo más profundo como la posibilidad de contar una historia centenaria que ya estaba acá, mucho antes de que el fútbol la pusiera frente al mundo.



