El número 1 del mundo se impuso en cuatro sets tras casi cuatro horas de juego y conquistó el quinto Grand Slam de su carrera en el All England Club.
Jannik Sinner agrandó su leyenda en Wimbledon. El italiano superó este domingo al alemán Alexander Zverev en una final de altísimo vuelo y se quedó con el certamen londinense por segundo año seguido, un logro que consolida su reinado en la cima del tenis mundial.
El líder del ranking ATP ganó por 6(7)-7, 7-6(2), 6-3 y 6-4 al cabo de casi cuatro horas de lucha en el court central del All England Club, en un duelo cargado de tensión que recién se inclinó hacia su lado desde el tercer parcial en adelante. La victoria le entregó el quinto Grand Slam de su carrera y una marca para los libros: es apenas el décimo jugador de la Era Abierta que logra defender con éxito la corona de Wimbledon.
El arranque mostró una paridad absoluta entre dos tenistas en gran momento. Sin quiebres en todo el primer set, la definición se trasladó al tie break, donde Zverev —sólido, agresivo y lastimando con la profundidad de sus tiros— se impuso 9-7 con una derecha demoledora. El alemán no solo se adelantó en el marcador: también cortó una racha de 14 sets consecutivos perdidos ante el número 1 del mundo.
El golpe no desacomodó a Sinner. El segundo capítulo repitió el guion, otra vez sin quiebres, y volvió a resolverse en el desempate. Pero allí el italiano marcó diferencias y lo cerró con autoridad por 7-2, apoyado en su precisión y en una mínima cuota de errores no forzados que le devolvieron el control emocional de la final.
El quiebre que cambió la historia de la final
La definición se destrabó en el tercer set. Con el marcador 3-3, Sinner consiguió el primer quiebre del partido tras un punto dramático en el que incluso sufrió un resbalón. La jugada desató la bronca de Zverev, que estrelló su raqueta contra el césped después de desperdiciar una chance importante. Envalentonado, el campeón defensor selló el parcial por 6-3 y quedó a un set de la gloria.
En el cuarto, el alemán volvió a mostrar su capacidad para competir ante los mejores, pero el italiano reapareció en los momentos calientes: quebró para ponerse 4-3, sostuvo su saque y, aunque su rival resistió a puro servicio, cerró el set por 6-4 para levantar otra vez el trofeo más codiciado del tenis.
Zverev, en tanto, se quedó sin la posibilidad de sumar su segundo Grand Slam del año —venía de consagrarse en Roland Garros—, aunque dejó una gran imagen en la Catedral y ratificó que puede jugarle de igual a igual al mejor del momento.

