Su participación en los pabellones de la Exposición del Centenario de 1910 le valió una Medalla de Oro y marcó el inicio de una carrera prolífica. Entre 1911 y 1927 proyectó cerca de 50 edificios, una producción notable para alguien que murió a los 43 años.
Su arquitectura rompió con la influencia del academicismo francés dominante en aquella época. Frente a las líneas sobrias y la simetría clásica, Colombo proponía fachadas exuberantes, esculturas, mosaicos, herrería artística y un repertorio ornamental que combinaba referencias medievales, modernismo y Art Nouveau.
Su obra más conocida, la Casa Calise, es considerada una de las máximas expresiones del Liberty milanés en Buenos Aires. La Casa de los Pavos Reales y el edificio Grimoldi (avenida Corrientes 2548/72) forman parte también de ese universo creativo.
También integran su legado la sede de la Società Unione Operai Italiani, sobre Sarmiento, la Casa Anda y numerosas viviendas particulares y edificios de renta distribuidos por distintos barrios porteños. A lo largo de dos décadas desarrolló un lenguaje propio dentro del Liberty milanés, una corriente que en la Argentina encontró una expresión singular gracias a un grupo de arquitectos italianos que buscó caminos alternativos al academicismo imperante.
Los especialistas coinciden en que su arquitectura fue una de las más originales de comienzos del siglo XX. En sus obras convivían elementos medievales, relieves escultóricos, ornamentaciones florales y un uso casi teatral de materiales nobles como mármoles, granitos y mosaicos. Su muerte prematura, en 1927, interrumpió una producción que todavía hoy sigue despertando admiración.
Las huellas de Colombo en Tacuarí
Para Pablo Fernández, investigador urbano y especialista en patrimonio, la atribución de este petit hotel a Virginio Colombo se apoya en un conjunto de elementos fácilmente reconocibles. "Existe una especie de alfabeto ornamental que Colombo repitió y perfeccionó en varias de sus obras", explicó.
Entre esos rasgos aparecen las molduras con leones de fauces abiertas, uno de los sellos del Liberty milanés; la herrería artística de líneas orgánicas y curvas fluidas, y la capacidad de organizar una construcción de tres plantas con accesos independientes sin perder armonía ni monumentalidad.
"La arquitectura de Colombo vistió a la nueva burguesía y a la inmigración próspera con una propuesta audaz y cargada de fantasía, capaz de desafiar la hegemonía del academicismo francés", señaló Fernández.
A diferencia del modernismo catalán o del Art Nouveau belga, el estilo del arquitecto italiano se caracterizaba por una fuerte presencia escultórica y tridimensional.
Las molduras, balcones, picaportes y herrerías no aparecían como elementos aislados. Formaban parte de una misma composición, casi como una obra de arte integral.
Fernández explicó que esa concepción de "obra de arte total" constituía uno de los rasgos distintivos de Colombo. La herrería no cumplía únicamente una función práctica y las molduras no eran simples adornos. Picaportes, balcones, rejas y esculturas dialogaban bajo una misma idea estética.
Un testigo del crecimiento porteño
La ubicación tampoco es casual. Tacuarí al 726/28/30 se encuentra en una zona donde confluyen dos de los barrios más antiguos de la ciudad.
Monserrat, corazón administrativo e institucional de Buenos Aires, y San Telmo, antiguo enclave de las familias patricias antes de la epidemia de fiebre amarilla de 1871.
Según Fernández, la casa refleja una etapa de transformación urbana en la que la ciudad comenzaba a crecer en altura y dejaba atrás las viejas tipologías coloniales: "Nació en un momento donde el centro se consolidaba comercialmente y aparecían edificios híbridos que combinaban vivienda, renta y actividad comercial".
Una cápsula del tiempo
El ingreso al edificio conserva una atmósfera difícil de encontrar en las construcciones contemporáneas. Los techos alcanzan los 3,70 metros en el sector residencial y los 4,40 metros en la planta baja. La escalera principal de mármol, los pisos de roble, las molduras, los vitrales y las carpinterías originales siguen en pie.
Para Fernández, resulta sorprendente el nivel de conservación. "Lo primero que impacta es la nobleza de los materiales y la espacialidad. La casa mantiene su piel y su atmósfera original. Las aberturas con vidrio biselado y los pisos de madera suelen desaparecer en las remodelaciones, pero aquí siguen presentes", destacó.
La propiedad se desarrolla sobre un lote propio y reúne 528 m2 totales, de los cuales 383 m2 son cubiertos. Posee tres accesos independientes desde la calle, una característica poco frecuente incluso para las construcciones de la época.
En los pisos superiores se despliega el petit hotel propiamente dicho, con ocho ambientes, cuatro dormitorios, cocina, dependencias y dos terrazas con parrilla. En la planta baja aparece un local comercial con una altura libre de 4,40 metros y, además, un pasillo lateral que conduce a dos unidades independientes de tres ambientes cada una, ambas con patio. En total, el conjunto reúne 12 ambientes y cinco baños.
Al ingresar, una imponente escalera de mármol organiza el recorrido y conduce a espacios amplios y luminosos atravesados por detalles originales que sobrevivieron más de un siglo. La propiedad cuenta con protección cautelar, una herramienta que busca preservar sus características arquitectónicas.
Un activo distinto dentro del mercado
Desde el mercado inmobiliario, consideran que este tipo de inmuebles conforma una categoría cada vez más escasa. "No compite con una vivienda convencional. Es un activo patrimonial con una identidad muy definida", explicó el arquitecto Marcelo Langone, de Di Mitrio Inmobiliaria.
La propiedad posee un local comercial en planta baja, una residencia principal y unidades independientes con acceso propio, una configuración poco habitual en la actualidad.
La versatilidad del edificio despertó consultas de operadores hoteleros, desarrolladores vinculados a la renta temporaria, empresas interesadas en sedes corporativas y especialistas en recuperación patrimonial. Langone sostuvo: "Muchos inversores buscan experiencias y no solamente metros cuadrados. La historia y la arquitectura forman parte del valor".
Mantener el legado
Los edificios vinculados a Virginio Colombo despiertan interés entre arquitectos, coleccionistas y amantes del patrimonio. La escasez y la imposibilidad de reproducir muchos de sus materiales y trabajos artesanales convierten a estas propiedades en piezas singulares.
"Quienes se acercan a estas casas no buscan solamente metros cuadrados. Existe una valoración cultural y un interés por preservar una pieza relevante de la ciudad", explicó Marcelo Langone.
Para Fernández, conservar este tipo de inmuebles implica proteger parte de la identidad porteña. Señaló: "Estas casas permiten entender cómo se vivía y cómo se concebía la belleza hace más de cien años. Son un testimonio de la época dorada de la artesanía constructiva".
La aparición de esta propiedad sobre Tacuarí permite volver sobre el legado de uno de los arquitectos más originales que tuvo Buenos Aires y descubrir una obra poco difundida de quien transformó el paisaje urbano con un lenguaje propio.
Para Langone, el desafío pasa por encontrar nuevos usos que permitan garantizar su permanencia. "La mejor manera de preservar el patrimonio no es convertirlo en una pieza de museo, sino mantenerlo vivo y lograr que continúe formando parte de la ciudad", concluyó.










