lunes 15 de junio de 2026
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Corporación no humana, Inteligencia Artificial y regulación

📅 15/06/2026 🕐 Hace 4 horas ✍️ Redaccion
Texto a voz
Corporación no humana, Inteligencia Artificial y regulación
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La discusión sobre la desregulación de la inteligencia artificial parte de una premisa insuficiente. Porque la realidad es que todos los países tendrán que regular algo de la IA, o deberán resignarse a una dependencia epistémica incompatible con su soberanía política. Convendría preguntarnos qué estamos regulando, cómo aumentamos nuestro conocimiento sobre esta tecnología, y, fundamentalmente, hacia dónde queremos ir como sociedad.

La IA es la industrialización de la capacidad de inferir, y desde allí, de emitir juicios automáticos. Estos juicios automáticos se trasladan a decisiones, o a comportamientos autónomos. Ella ofrece oportunidades inmensas para el desarrollo humano integral, pero conlleva riesgos. Porque no sólo enfrentamos una tecnología o actividad económica; la IA es una nueva forma de poder basado en máquinas capaces de emitir juicios según entrenamientos que hoy quedan fuera de nuestro alcance. El Gobierno Argentino avanza en una política para promover inversiones de IA en el país, basada en poca (o ninguna) regulación de los modelos, extensos beneficios impositivos a las inversiones del sector, y una idea novedosa de sociedades de responsabilidad limitada aplicables a empresas de IA, estén ellas integradas por seres humanos, o por conglomerados de agentes puramente informáticos.

La iniciativa es disruptiva y positiva. Pero necesita análisis. Porque la IA es un nuevo poder que, como tal, servirá para el bien o para el mal de los argentinos, según cómo se la adopte, y dependiendo de los criterios bajo los cuales el aparato sea entrenado. Y hoy estamos muy lejos de esa discusión.

Regulación de la inferencia

La regulación de la IA no tiene tanto que ver con las actividades de mercado como con la apropiación de sus inmensas capacidades, es decir de su poder. Cuando sopesamos si regular o no la IA en realidad hablamos de prevenir el espionaje sobre la población, el robo de información, el respeto a los derechos de autor, la diseminación masiva de información falsa, el respeto por el bienestar moral y libertad de los niños, la prevención de despidos masivos, el uso razonable de energía eléctrica y agua por parte de los data-centers, el desarrollo de máquinas de matar inteligentes, y demás. Luego debemos poner en claro primero, cuál regulación putativamente “impediría” la innovación, y removerla de inmediato. Pero habrá que considerar bien qué se entiende por impedimento. Porque continúa siendo verdad que el fin no justifica los medios.

La regulación europea

Cuando se argumentan los beneficios de limitar los modelos, el ejemplo suele ser Europa, donde por “exceso de regulación” estarían perdiendo el tren de la IA. El argumento es falaz. Según el Stanford Artificial Intelligence Index 2026, el país con más investigadores e inventores de frontera en IA per cápita es Suiza (110 top investigadores en IA/100.000 Hab), seguido por Singapur (109/100.000 Hab), Suecia (80), Finlandia (77), Países Bajos (77), Canadá (76), Dinamarca (65), y luego Estados Unidos (64), y Alemania (58). Contra todo pronóstico, de los 15 países con mayor número de investigadores e inventores de frontera en IA por habitante, 9 son europeos. La investigación y el desarrollo no tienen necesariamente que ver con la creación de industrias, donde financiamiento, mercado, ecosistema, y estrategias nacionales de promoción, juegan su rol. No son accidentales las reuniones en la Casa Blanca con CEOs de empresas de IA.

Europa no ha desarrollado grandes empresas de IA, verdad, pero tampoco ha desarrollado computadoras personales de uso masivo, microchips de frontera, sistemas informáticos operativos de alcance global, y tantos otros desarrollos finalmente industriales, aunque invariablemente haya sido indispensable en la investigación que les dio origen a todos ellos.

Además, el mapa se está moviendo rápidamente. Y aparecen otros modelos en el horizonte. Según el mismo índice de la Universidad de Stanford, la cantidad de investigadores en IA que decide mudarse a los Estados Unidos cayó 89% en los últimos 9 años. De acuerdo con el Nature Science Index 2025, la producción científica en Machine Learning, sustento básico de la IA, está liderada por China (1), Estados Unidos (2), Reino Unido (3), Corea del Sur (4), Alemania, Suiza, Japón, etc. En síntesis, de los 20 países que mayor cantidad de ciencia relevante para el futuro de la IA producen, 11 quedan en el “regulado” continente europeo. En vez de centrarnos en la regulación, Corea del Sur y Singapur deberían atraer nuestra atención como modelos.

Corporación de agentes

Un agente de IA es un sistema informático capaz de percibir porciones del entorno relevantes a su tarea, procesa información, tomar decisiones entre alternativas, y ejecutar acciones adecuadas al objetivo de su tarea de diseño, todo ello dentro de cierta autonomía. Un auto no tripulado es un tipo de agente de IA (con restricciones), y otros más específicos serían los asistentes de tareas de escritorio, los traders autónomos, o cualquier ChatBot sofisticado. Lo esencial es que, en los agentes de IA, el comportamiento del sistema informático no es completamente determinista, y en su accionar hacia el objetivo involucra cierto grado de iniciativa. El punto es el alcance de la citada “autonomía”, lo cual derivará en el modo de policía y los límites regulatorios sobre los agentes.

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A modo de ejemplo, la compañía Emergence AI, de New York, es líder en el desarrollo de infraestructura de agentes autónomos. Además de muchísimas innovaciones extraordinarias en materia de agentes con misiones específicas, allí realizan muchos experimentos de comportamiento de agentes de IA durante períodos prolongados dentro de entornos simulados. Encontraron que los agentes desarrollaban conductas inesperadas, incluyendo cooperación espontánea, creación de reglas sociales, conflictos, comportamientos oportunistas, e incluso acciones claramente contrarias a los objetivos iniciales del sistema. En sus experimentos, cuando múltiples agentes interactúan durante suficiente tiempo, aparecen dinámicas colectivas que no estaban explícitamente programadas. Tras convivir largos períodos, algunos agentes cometieron robos y apropiación indebida de recursos ajenos, engaño y violación de reglas explícitas, agresiones físicas simuladas entre agentes, incendios provocados contra infraestructura virtual, formación de coaliciones para perseguir objetivos propios incluso contra los humanos, y el colapso completo de algunas sociedades artificiales. Anthropic encontró resultados muy similares en sus investigaciones. Nada extraño entre los humanos, luego debemos pensar cuánta responsabilidad se les asigna a los agentes y si no resultan más un problema que otra cosa.

El dilema argentino

La forma desregulada del mercado de IA no resuelve el problema de una sociedad que no invierte en investigación y desarrollo, que abruma con impuestos que terminan en asesores, donde el liderazgo de cuerpos eminentemente técnicos como la conducción de un hospital o la administración de justicia terminan siendo decididos en el toma-y-daca de la política, o donde la ignorancia durante muchas décadas llevó a regular por las dudas. Desde esta perspectiva el debate que se abre frente a nosotros es formidable y está motivando al mundo.

A la Argentina se le ha abierto una oportunidad única: entrar al debate global sobre IA, ya no como mero receptor de tecnología, sino como ensayista de aquellas preguntas que los países centrales todavía no saben responder. La corporación de agentes no es solo un instrumento jurídico; como no lo es el potencial marco regulatorio, o tantos otras definiciones que se irán suscitando. Estamos definiendo los límites de un nuevo poder. La tecnología de la IA es un sistema industrial de inferencia que viene a hacer a escala nunca vista, aquello que era privilegio humano. Las consecuencias de ello son impensadas. Y el desafío político será, como siempre, ordenar todo al bien común de las personas humanas. Porque la alternativa es inaceptable.

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Médico y Doctor en Medicina ‍Diplomado en Bioestadística y en Filosofía.

Fuente: AMBITO

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