La película de la realizadora japonesa Momoko Seto propone una experiencia visual alejada del cine infantil tradicional. Sin diálogos y con una mirada poética sobre la naturaleza, cuenta la travesía de cuatro dientes de león que buscan un nuevo lugar para echar raíces después de una catástrofe nuclear.
El gran viaje, un film de Momoko Seto.
Corresponde advertirlo: aunque se haya estrenado en vacaciones de invierno, "El gran viaje" dista de ser un dibujo para niños. Les puede parecer demasiado abstracto, despacioso, y no tiene chistes ni caritas risueñas. Tampoco es para padres ansiosos. Eso sí, los amantes de las artes plásticas y las personas contemplativas lo encontrarán fascinante. Y el asunto de fondo, la pequeña historia que desarrolla, puede brindarles una dulce emoción, y una esperanza.
Producción franco-belga de una artista japonesa, hecha con animación digital, algunas partes de fotografía relativamente acelerada, y una música extraña que a veces recuerda fugazmente el canto de los pájaros, su título original podría traducirse como "Planetas". El título de difusión internacional es "Dandelion's Odyssey", la odisea del diente de león, aludiendo a esa florcita que acá llamamos panadero, y algunos también le dicen flor del viento. Es costumbre en muchos países soplarla para que se vaya volando con nuestros deseos. Hay quienes la soplan solo para ver cómo se desarma toda, tan frágil es, y tan rara.
Bien, en esta obra vemos cómo el viento arranca cuatro de estas florcitas, impulsándolas en un viaje sin palabras, sin explicaciones, hasta que logran dejar sus semillas en otro suelo. Es fama que estas plantitas pueden crecer incluso entre las grietas de las piedras, o del asfalto, por eso también se las asocia con la resistencia y la esperanza de los seres más pequeños e indefensos de esta tierra. Y en este caso el viento ha sido provocado por una explosión nuclear que se alcanza a ver en la lejanía, provocando un incendio en los alrededores.
En una jornada que comienza en plena noche rumbo al día, nuestras flores se cruzan con algunos otros seres vivientes, o más bien sobrevivientes. En los créditos finales se mencionan 75 especies animales y vegetales. Y ningún ser humano. Esto es interesante: hasta ahora todas las películas sobre explosiones nucleares se centran en su efecto sobre los humanos. "El gran viaje" se preocupa por los más pequeños. Los más inocentes.
La autora se llama Momoko Seto, y éste es su primer largometraje (no tan largo, porque dura solo 75 minutos). A sus espaldas lleva una larga serie de cortos y una labor como montajista donde pesa, en diversos sentidos, su colaboración en "Blessures atomiques", documental de Marc Petijian sobre el doctor Shuntaro Hida, testigo de la bomba de Hiroshima que dedicó el resto de su vida a mitigar los dolores de los sobrevivientes.
El doctor Hida trabajaba en el Hospital Militar de Hiroshima. Quiso la suerte que aquella mañana había ido temprano hasta Hesaka, distante seis kilómetros, para atender a un niño enfermo. Al salir de la casa del niño vio el avión que lanzaba la bomba, presenció la explosión, el viento lo tiró diez metros al suelo. Se apuró a volver a la ciudad. Tardó tres horas en llegar. Por el camino se cruzó con la gente que escapaba, cubierta de llagas extrañas. El hospital estaba totalmente quemado. Desde aquel momento, cuando todavía era joven, hasta cumplir los 92 años, el doctor Shuntaro Hida se dedicó a los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, y hasta los 97 siguió reclamando de diversas formas contra el uso militar de la energía nuclear. Reclamó también, sin descanso, para que EEUU reconociera públicamente el daño inmenso cometido. Murió en 2017, cien años cumplidos. Quedan sus testimonios, y su ejemplo, en documentales como "From Hiroshima to Fukushima", "Luz blanca, lluvia negra", "El día que cayó el sol", y la mencionada "Blessures atomiques".

