Durante décadas, la mirada occidental encasilló al futbolista africano en el talento individual, la velocidad y el despliegue físico. Sin embargo, esa percepción quedó vieja. En los últimos años, varios seleccionados construyeron identidades colectivas muy sólidas, discutiendo los partidos desde la pizarra, la disciplina táctica y el rigor estratégico.
En una charla con Ámbito, Francisco Jáuregui, periodista especializado en fútbol africano, analizó este presente y explicó los porqués de esta evolución. Para el especialista, el clic inicial de esta metamorfosis tiene fecha y lugar: el Mundial de Sudáfrica 2010, la primera Copa del Mundo en suelo africano.
“En 2010 fue el primer Mundial en el continente africano pero solo Ghana estuvo a la altura”, explica Jáuregui al recordar aquella cita. Con el paso de los años, esa evolución permitió que algunas selecciones africanas elevaran su nivel competitivo y redujeran la distancia con los equipos históricamente dominantes. “Eso emparejó las cosas y en casos como Marruecos y Senegal les hizo dar un salto de calidad. Creo que esos dos seleccionados más Costa de Marfil son los más poderosos y aunque siempre hay imponderables y cuestiones externas que pueden hacer que aparezca alguna sorpresa”, analizó.
Desde ese quiebre, la evolución impactó tanto en el juego como en los escritorios. “De allí a esta parte el fútbol africano ha crecido en infraestructura, dirigencialmente, en formación, ha confiado más en sus entrenadores y empezó a recurrir más a la diáspora (jugadores nacidos y formados en Europa con raíces africanas)”, sostiene.
Este salto de calidad recortó notablemente la brecha con las potencias históricas. De todas formas, Jáuregui opta por la cautela antes de decretar un cambio definitivo en el mapa geopolítico del fútbol: “Es difícil presumir eso pero este inicio del Mundial está demostrando que ya no hay partidos ni rivales fáciles. Partidos que en la previa se presentan como accesibles luego salen al revés”.
La materia pendiente: sostener el éxito
El gran desafío del continente ya no pasa por su capacidad para competir en los 90 minutos, sino por lograr sostener los procesos a largo plazo. África ha firmado páginas doradas e inolvidables en la historia de los Mundiales, pero su cuenta pendiente es encontrar una selección que logre mantenerse en la elite durante varios torneos consecutivos.
“Creo que lo que le falta a los africanos es continuidad en los rendimientos y los procesos”, analiza Jáuregui. “Si vamos a las mejores actuaciones históricas siempre fueron países distintos: Marruecos semis 2022, Ghana (2010), Senegal (2002) y Camerún (1990) y ninguno pudo hacer algo parecido en las ediciones siguientes”, añade.
Esta falta de regularidad es, justamente, la ventaja que todavía le llevan las potencias tradicionales, capaces de encadenar ciclos exitosos entre generaciones. África ya demostró que los picos de alto rendimiento son de nivel mundial, pero el reto actual es transformarlos en una constante.
“De un Mundial a otro se pasó de no tener representantes más allá de la fase de grupos (Rusia 2018) a tener por primera vez un equipo jugando los siete partidos”, señala el periodista, poniendo como ejemplo la gesta marroquí en Qatar 2022.
Frente a este panorama, el especialista prefiere mantener los pies sobre la tierra respecto al techo del continente en esta edición: “Es difícil aventurarse a pensar en un africano en la final”.
Marruecos y el símbolo de una nueva etapa
El presente de Marruecos es el reflejo perfecto de este cambio de mentalidad. Tras romper todos los pronósticos en Qatar, el equipo revalidó sus credenciales en este 2026 plantándose con autoridad y rescatando un empate ante Brasil, demostrando que lo de hace cuatro años no fue casualidad: “Veremos si Marruecos puede hacer algo interesante otra vez, al menos empezó con un resonante empate ante Brasil”, afirma Jáuregui.
En ese sentido, el especialista destaca la constancia de los proyectos institucionales más sólidos de la región: “Los que se han logrado mantener son Marruecos y Senegal, son países que crecieron mucho en infraestructura, teniendo en cuenta que Marruecos organizó de 2010 hasta hoy Mundial de Clubes, Mundiales femeninos, las principales competiciones de África. En lo que es formación tanto de jugadores y entrenadores y han sabido también cómo explotar la diáspora”.
El fenómeno de la captación europea ha reconfigurado el mapa del seleccionado marroquí de manera inédita. “Marruecos tiene un programa de scouting que hacen el seguimiento de las principales ligas de Europa y captan aquellos que tengan la nacionalidad o puedan adquirirla para representar a los Leones del Atlas. Marruecos es el primer país en tener un 11 con jugadores no nacidos en el país”, revela Jáuregui.
Este roce estratégico emparejó las acciones en el plano internacional gracias a la exigencia de las ligas del Viejo Continente. Al respecto, el analista concluye: “Al ser jugadores formados en Europa eso también los hace dar un salto de calidad, eso es lo que los ha hecho ser los mejores del continente”.
Argelia y el desafío ante Argentina
En este nuevo mapa de fuerzas aparece Argelia, el rival del debut para la Selección argentina. Jáuregui ubica al combinado argelino en un segundo escalón dentro del continente, aunque advierte que cuenta con armas suficientes para amargar a cualquiera: “Los tres mejores son Marruecos, Senegal y Costa de Marfil, Sudáfrica y Túnez los más débiles y Argelia junto a Ghana, Cabo Verde, RD Congo y Egipto en el lote intermedio”, detalla.
De cara al estreno contra el equipo de Lionel Scaloni, el analista vislumbra un partido de máxima concentración defensiva y transiciones letales. “Imagino que Argelia va a plantear un partido de espera relegado para tratar de lastimar a Argentina a la contra”, adelanta.
Para llevar a cabo ese plan, los zorros del desierto combinan la jerarquía y el oficio de referentes internacionales como Riyad Mahrez con una bocanada de aire fresco muy peligrosa: “Amoura, Gouiri, Maza, Hadj Moussa son la nueva generación del ataque argelino que pueden lastimar a la defensa argentina”, avisa.
Los resultados que marcaron el comienzo africano en el Mundial 2026
Las primeras fechas del Mundial 2026 no hicieron más que ratificar que el crecimiento es coral. Cabo Verde pateó el tablero al clavarle un histórico 0-0 a España en su debut absoluto en una Copa del Mundo, con una actuación consagratoria de su arquero Vozinha.
Por su parte, Marruecos neutralizó a Brasil, Costa de Marfil firmó un triunfazo clave ante Ecuador, y Egipto dejó una imagen idéntica de solidez al igualar contra Bélgica. En la otra cara de la moneda, Túnez y Sudáfrica pagaron caro un arranque más esquivo.
A África todavía le queda el reto de convertir estos impactos en una sólida tradición copera. Sin embargo, el eje de la discusión ya cambió para siempre: el continente ya no viaja a los Mundiales a ver si puede sorprender; en 2026, juega con el mapa sobre la mesa para reclamar su lugar entre los dueños del juego.




