A partir de nuevas medidas de prueba impulsadas por la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional a cargo del fiscal Martín López Perrando, en el marco de la causa que investiga el homicidio de Diego Fernández Lima, ocurrido en 1984, un estudio con un georradar realizado por especialistas de la Gendarmería Nacional detectó un sector de interés y recomendó nuevas excavaciones en el patio de la vivienda del barrio porteño de Coghlan donde, hace exactamente un año, fueron hallados restos óseos de la víctima.
El informe pericial fue elaborado por integrantes de la División Prospección Geofísica de la Dirección de Criminalística y Estudios Forenses de la fuerza federal, a partir de tareas desarrolladas el 4 de mayo pasado en el inmueble ubicado sobre la avenida Congreso al 3700 de la Capital Federal.
La medida había sido solicitada por la fiscalía con el objetivo de profundizar la búsqueda de posibles restos óseos faltantes y de otros elementos de interés para la investigación, mediante el empleo de tecnología de georradar en distintos sectores del patio trasero de la propiedad.
De acuerdo con el resultado del estudio técnico, los especialistas identificaron una anomalía geofísica en un área lindante a la medianera derecha del terreno. En función de ello, recomendaron realizar una verificación directa mediante excavaciones controladas para determinar la naturaleza del elemento detectado en el subsuelo, según informó el sitio fiscales.gob.ar.
Las tareas periciales se llevaron a cabo con intervención de personal especializado de Gendarmería Nacional, junto con integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense, efectivos de la Policía de la Ciudad y representantes de la fiscalía interviniente.
La reapertura de la investigación
La nueva medida se enmarca en el reinicio de la investigación dispuesto el 28 de noviembre pasado por la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal, que revocó el sobreseimiento del principal sospechoso, N.C.G., único imputado en el expediente.
El tribunal consideró “prematura” la decisión adoptada previamente por el titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°56, Alejandro Litvack, y ordenó retomar la investigación desde sus etapas iniciales.
En ese sentido, dejó sin efecto el criterio que había encuadrado los hechos únicamente bajo la figura de encubrimiento y sostuvo que la pesquisa debía orientarse directamente sobre la hipótesis del homicidio de Fernández Lima. Los camaristas remarcaron además la necesidad de agotar todas las líneas investigativas pendientes para esclarecer las circunstancias de la muerte y desaparición de la víctima.
De acuerdo con el resultado del estudio técnico, los especialistas identificaron una anomalía geofísica en un área lindante a la medianera derecha del terreno. En función de ello, recomendaron realizar una verificación directa mediante excavaciones controladas para determinar la naturaleza del elemento detectado en el subsuelo.
El fiscal López Perrando ya había dejado asentado su convicción de que en el domicilio del sospechoso habían asesinado al adolescente desaparecido en 1984. “Existe una afirmación insoslayable y es que Diego Fernández fue asesinado tras ser atacado con un elemento cortopunzante, luego se lo intentó desmembrar para ocultar el cadáver y finalmente fue ocultado a partir de su enterramiento en los fondos de la vivienda habitada desde aquel entonces y hasta el presente por N.C.G.”, señaló en ese momento al apelar el sobreseimiento del imputado.
Desde el fallo de Cámara, la fiscalía continuó impulsando distintas medidas probatorias tendientes a reconstruir lo ocurrido y determinar eventuales responsabilidades penales vinculadas al hecho principal.
El caso
Diego “el Gaita” Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció en la tarde del 26 de julio de 1984. Aquel día volvió del colegio, almorzó con su madre y le pidió dinero para tomarse el colectivo para ir a visitar a un amigo.
Un conocido lo cruzó en la esquina de Rómulo Naón y Monroe, en Villa Urquiza y lo saludo. Fue la última vez que alguien lo vio. Nunca llegó a la clase de la tarde en el ENET N°36, entonces ubicado en las calles Ballivián y la actual Combatientes de Malvinas (ex Donato Álvarez).
Alrededor de las 20.30, como el joven no volvía, sus padres Juan Benigno Fernández e Irma Lima, fueron a la entonces comisaría 39 de la Policía Federal para reportar su desaparición, donde asentaron el caso como una presunta “fuga de hogar”.
Así, comenzó una búsqueda con panfletos pegados en el barrio, al tiempo que trataron de visibilizar su desaparición en los medios de comunicación. Su padre, dio una entrevista por el caso, en 1986, y murió sin saber el destino de su hijo. Por su parte, la madre del joven y sus hermanos, aún lo buscaban.
Los restos óseos aún sin identificar de Fernández Lima aparecieron el 20 de mayo pasado, cuando un grupo de obreros levantaba una pared medianera en la casa de avenida Congreso 3748 que había sido propiedad de la artista Marina Olmi -hermana del actor Boy Olmi-, y que había alquilado el músico Gustavo Cerati, entre 2002 y 2003 y se produjo un desmoronamiento de tierra desde el jardín del chalet lindero de Congreso 3742, donde vivía, desde los años ’70, el excompañero de escuela de la víctima con su familia.
Los obreros le avisaron del hallazgo a una de las dueñas de la vivienda lindera -hermana del ahora imputado-, al tiempo que un vecino dio aviso a la policía. Así, la investigación recayó en la fiscalía a cargo de López Perrando, quien dio intervención al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
Al analizar los 151 fragmentos de huesos hallados, los especialistas determinaron que el adolescente fue asesinado de una puñalada en el tórax que dejó una marca en su cuarta costilla derecha. También que, tras el crimen, intentaron desmembrarlo, aunque no pudieron. Tras ello, lo enterraron en una improvisada fosa a 60 centímetros de profundidad en el jardín de la casa.
Junto a los restos óseos, había una moneda japonesa, un reloj con calculadora Casio -fabricado en Japón en 1982-, un llavero flotante naranja con una llave, una ficha de casino, la hebilla de un cinturón, la suela de un mocasín talle 41 y una corbata tejida de uniforme colegial. Estos elementos brindaron indicios sobre la edad de la víctima y permitieron fijar la década del ’80 como la época en la que se habría cometido el crimen.
La difusión mediática que fue surgiendo del caso llamó la atención de un sobrino de la víctima que sospechó que el NN enterrado en Coghlan podía ser su tío desaparecido hace 41 años. Así, sus familiares se presentaron ante la fiscalía y se obtuvo una muestra genética de la madre de Diego y que, al ser cotejada con sus restos, dio positivo y permitió su identificación.
Fuente: AMBITO





